Pasan los días y cada vez conocemos mejor los gustos y motivaciones de todos los alumnos. Concretamente, el alumno con TDAH es un amante de la Educación Física y de la Música. Hoy me centraré concretamente en los juegos propios de Educación Física.
Tal y como comenté en la entrada anterior hemos empezado a utilizar con el alumno algunas técnicas para intentar mejorar el comportamiento disruptivo. Una de ellas son los premios que el alumno recibe si la semana ha sido positiva, en cuanto a comportamiento, trabajo y respeto tanto material como personal. El premio al que opta el alumno es una sesión dedicada integramente a juegos de educación física.
El viernes pasado empezamos con esta técnica y realizamos un total de 3 juegos. Hay que resaltar que los juegos además de ser un premio tienen más finalidades, en este caso trabajar la concentración, atención y tolerancia.
El primer juego que realizamos fue el mini-golf, el alumno debía golpear una pelota e intentar entroducirla en un aro en el menor número de golpes posible. Aquí el alumno debía de controlar la fuerza y la precisión ya que no podía salir del camino marcado. La verdad, que salvo el primer golpe que fue muy fuerte e impreciso, el resto de golpes fueron controlados, precisos y buscando el objetivo marcado.
En cuanto al segundo juego que realizamos, los bolos, la verdad que resultó un juego divertido. El primer lanzamiento del niño fue lo más fuerte posible, tal era la fuerza que no controló la pelota y no derribó ningún bolo. A continuación lancé yo suavemente pero con control y precisión derribando la mayoría de bolos. La reacción del alumno en un primer momento fue de enfado, pero luego volvió a lanzar él copiando mi lanzamiento y tirando todos los bolos. A partir de aquí todos los lanzamientos que realizó fueron suaves y controlados.
Haciendo referencia al tercer y último juego, el camarero, fue un juego que parecía imposible para el alumno, ya que debía llevar una pelota en una bandeja plana desde un cono a otro en una distancia aproximada de 20 metros, sorteando obstáculos sencillos por el camino. Al principio, quería llegar tan rápido que no conseguía ni avanzar cinco metros, esto le pasó unas cinco veces seguidas. Como veía que no lo conseguía ya no quería jugar, hasta que le enseñé que debía hacerlo de manera tranquila y concentrado. Después de un par de intentos consiguió llegar al cono sin dificultad.
A lo largo de la sesión observamos que el alumno es capaz de concentrarse y relajarse cuando la actividad que va a realizar le supone un reto motivante. Por otra parte, es importantísimo adaptar los juegos a su nivel para conseguir finalizar muchos juegos con éxito y motivarle.
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